Psicología de la Política: El «tú también…»

Los años electorales resaltan las habilidades retoricas de muchos políticos y ciudadanos, de por si el Argentino es de tratar de imponerse, puede volverse violento y de allí que las discusiones políticas son evitadas en las mesas familiares a fin de que subsista la unidad familiar.

Los motivos son muchos, confundimos pasión con fascismo, libertad de expresión con guardar el honor y así muchas situaciones que la escala de valores no se unifica entre las personas y se produce la confrontación profunda y sin fin. Es difícil calcular cuando se podrá superar la visión de «enemigo interno y externo es el mismo» que domina la región ya que el interés económico prima tanto como el apoyo ideológico a las cuestiones más elementales y sociales como la familia que es el ejemplo anterior y más común.

Argentina tiene valor bajo por la palabra, solo se le da sentido en base a quien lo dice. Por eso se descalifica tanto, muchísimas personas hacen una pausa para ver a quien se refieren cuando hay una noticia de «acoso sexual» y ahí dependiendo de quien lo dice surgen los dos juicios resueltos, el de si es verdad o mentira la denuncia y si el denunciado es inocente o culpable sencillamente por dogma.

En otras culturas lo que dice un hombre de la calle como un primer ministro es ley, no se discute en base a quien lo dijo, si es sobre economía o estado del tiempo, lo que tienen que decir es palabra verdadera, toda la sociedad tiene palabra respetada. Aquí no.


Hasta aquí un poco la introducción, el «Tu también…» refiere a la forma de rechazar un razonamiento desacreditando al emisor, poniéndolo en una posición de hipócrita y sin refutar o afirmar el razonamiento. Vamos por un sencillo ejemplo de formula:

A le dice a B que «Uds. se han robado todo en su municipio»

B le dice a A que «Tu también siendo concejal no vio nada, y que me dice de sus compañeros en X Municipio»

Entonces, la critica a B es rechazada.

Vemos entonces que la premisa «Uds. se han robado todo» se ha perdido al llegar a la conclusión. Esta técnica de lograr una falacia ha sido objeto de desarrollo en forma intensiva por la Unión Soviética para salir de posiciones incomodas poniendo el objeto en cuestión aparte y espejar o desviar la crítica. No tardo mucho en convertirse de Manual para fines difamatorios o al menos cortar el dialogo sin mayor esfuerzo. Se decía que:

Si le van a hablar sobre la invasión a Afganistán que hay entonces del ¿Aparheit de Sudáfrica? ¿Qué posición tiene?

Modelo de respuesta para evitar hablar de la invasión Soviética a Afganistán.

Se saca la premisa y se hace una nueva premisa o pregunta y funciona en base a una supuesta escala de valores que damos por cierta pero no compartida, es una escala ideológica necesaria para evitar responder. Fue tan pero tan utilizado por oficiales soviéticos y formadores de opinión que se volvió un cliché e ingreso en los diccionarios como «whataboutism». Hay dos campos muy utilizados para usar de forma tácita esta inducción a la falacia: Los Derechos Humanos y la Economía. Son campos donde todo vale si no se tiene argumentos.


Psicológicamente es algo instintivo y racional a la vez, una lucha por salir sin exponerse al juicio de las palabras que uno tendría por respuesta, una lucha por presentarse como lo que decimos jocosamente «paladín de la justicia» a través del grado de energía y convicción que se pone en el desvió de la critica.

Si se vuelve cíclico, ida y vuelva, constante, hace que nada tenga sentido y es un punto donde se llega fácilmente y más en política donde prima no decir nada diciendo mucho o en el mejor de los casos que el televidente o espectador del debate piense de uno y otro lado indefinidamente y que suceda dos cosas:

  • Que se produzca una identificación entre tanto ida y vuelta y ganar ese espectador
  • O que se mantenga la convicción y fidelidad de espectador ya conquistado. Transmitiendo la táctica para cuando se le haga una crítica otro ciudadano.

Pues parece Maquiavelismo puro y lo es, sino ¿Qué es la grieta?